Talkin' 'Bout New Orleans Siguenos en Facebook
Separador Radio Separador Podcasts Separador Fotografias Separador Blog Separador Sobre este blog Cuadrado negro
Separador
Cuadrado negro  
Siguenos en Twitter
Ese Sur Salvaje cuya existencia peligra
18 de febrero de 2013

La revelación cinematográfica del año tiene nombre y apellidos. Su nombre es Beasts of the Southern Wild y su apellido, Court 13. Y es que al margen de que haya gustado más o menos (no se trata esto de una crítica cinematográfica), no ocurre todos los años que una película (muy) independiente triunfe primero en Sundance y luego en Cannes y termine por colarse entre las finalistas al Oscar a la mejor película del año. Es muy complicado, por no decir imposible, que se alce con la preciada estatuilla, pero como logro ahí queda. Porque, entre otras cosas, se trata de una película digamos de autor (su director es el neoyorquino afincando en Nueva Orleans Benh Zeitlin, de apenas 31 años, aunque en este caso se trata también de la obra de un colectivo, el mencionado Court 13) que ha conseguido meterse en el bolsillo a crítica y público con un enfoque totalmente íntegro. Y de gran actualidad política.

Y es que, a pesar de sus muchos elementos fantásticos y su cercanía al realismo mágico, la historia de Bestias del Sur Salvaje (título con el que ha sido distribuida en España) se enmarca en una situación de tremenda actualidad: el riesgo de desaparición de gran parte del sur del estado de Louisiana a causa de la erosión del delicado ecosistema de marismas. Y con esas tierras peligran las poblaciones que en ellas residen actualmente, cuyas raíces son tan antiguas como las de los habitantes de Nueva Orleans. Pero el presente y el futuro de las parroquias (así son llamados en Louisiana lo que en el resto de EE. UU. se conoce como condados, counties) del extremo sur del Estado, principalmente Terrebonne (donde tiene lugar y se rodó Bestias del sur salvaje), Lafourche y Plaquemines, forman parte de un debate más amplio sobre la urbanización en zonas de alto riesgo (en este caso, los huracanes y las inundaciones de agua salina procedentes del Golfo de México).

Time to move to higher ground

Cuando en 2005 el huracán Katrina destruyó gran parte de la costa de los estados de Louisiana y Mississippi e hizo lo que hizo en Nueva Orleans (sin entrar en detalles: inundó el 80% de la ciudad y durante semanas la sumió en el caos, del cual tardó años en recuperarse, si se puede decir que hoy, casi ocho años después, lo ha hecho), surgió un debate sobre el urbanismo sostenible y la pertinencia de reconstruir ciudades o barrios edificados en zonas de alto riesgo (un alto riesgo causado tanto por factores naturales como humanos). Sólo que a esta ecuación hay que añadir el patrimonio cultural de poblaciones que residen en esas regiones desde hace siglos y que, generalmente, no han tenido ninguna influencia en la toma de decisiones de dichos errores humanos.

Las posiciones se dividían entre quienes exigían la reconstrucción total de todos los barrios y áreas devastadas; quienes apostaban por la reconstrucción de algunas y el sacrificio de otras (dónde se pone la línea que separa la salvación del sacrificio es otra cuestión, claro) y, por último, quienes sugerían que se reconstruyesen sólo las áreas fuera de peligro (el concepto de fuera de peligro también dependía del sujeto, por supuesto). Generalmente, las dos primeras posturas (en el caso de la segunda, llevando la línea de salvación fuera de la parroquia de Orleans) son predominantes en Nueva Orleans, mientras que las lecturas más rígidas de la segunda posición (que sacrificaba incluso barrios de Nueva Orleans) y la tercera son más frecuentes fuera de la ciudad y del Estado (en la mente pragmática de un estadounidense medio, ¿qué sentido tiene reconstruir un área - con dinero público, para más inri - que va a ser arrasada nuevamente al cabo de pocos años?).

Swamps in South LousianaUno de los ejemplos más célebres de esta última postura, Time to Move to Higher Ground, hizo del profesor universitario Timothy M. Kusky en una de las personas más odiadas de Nueva Orleans. Básicamente, su tesis era que, a pesar del indudable valor histórico y cultural de la ciudad, su situación se había hecho insostenible y reconstruirla no era más que poner las bases de una nueva tragedia aún más grave en el futuro inmediato. Era, por tanto, el momento de mudarse a tierras más elevadas.

A nadie escapa, ni siquiera a los más acérrimos defensores de la reconstrucción integral de la Nueva Orleans pre-Katrina, que gran parte de la expansión moderna de la ciudad, resultado del drenaje de marismas situadas al norte de la ciudad antigua, obedeció a decisiones poco acertadas y que sin duda acarreaban un riesgo humano notable. Posiblemente nunca se debieron construir barrios en zonas drenadas que por su composición geológica estaban condenadas a hundirse. Junto con canales como el Industrial o el Mississippi River-Gulf Outlet (más conocido como MR-GO), que llevan agua salina hasta el mismo corazón de la ciudad, y otras intervenciones humanas sobre el Mississippi, han sido protagonistas secundarias del desastre del Katrina y de muchos de los problemas medioambientales de la región (erosión imparable de las marismas en la desembocadura del río, hundimiento de las zonas secas, mayor vulnerabilidad a los huracanes que periódicamente sacuden la zona, disminución de la cantidad de sedimentos en las aguas del Mississippi, etc).

Se trata a fin de cuentas de que se ha llegado a un punto inevitable en la historia de Louisiana. El Estado en general y Nueva Orleans en particular han mantenido desde su fundación una relación ambivalente con su situación geográfica, entre la lucha constante contra los elementos y los enormes beneficios de su estratégica situación. Estar en la desembocadura del Mississippi hizo que Nueva Orleans se convirtiese en la ciudad más poderosa del sur de los EE. UU. y del Golfo de México, pero al mismo tiempo el lugar era tan precario y tan poco adecuado a la expansión de una ciudad moderna que más tarde o más temprano este contraste tenía que salir a la superficie.

El dilema de Lousiana

Se trata a fin de cuenta de un dilema. Expandirse confiando en la seguridad de las defensas creadas por el hombre para combatir la naturaleza o respetando los límites impuestos por ésta. Salvar una gran ciudad sacrificando parte de las zonas limítrofes (éste es el tema de fondo de Bestias del sur salvaje, con la población de Bathtub, ficticia pero claramente identificable con cualquier pequeño asentamiento de Terrebonne, que se queda fuera del dique que protege la gran ciudad cercana) o abandonar todas las zonas de riesgo para salvaguardar las vidas de sus habitantes. Priorizar la cultura labrada durante siglos de estancia en una tierra difícil o la seguridad de las poblaciones. Y, si se tiene en cuenta la cultura, dónde poner el listón de qué culturas proteger. La cultura de los personajes de Bestias del sur salvaje, con su aparente salvajismo y estado primario, es fruto de las vidas de personas que han vivido en esas tierras desde varias generaciones, pero sin embargo son consideradas sacrificables. Sacrificar una Bathtub para salvar una Nueva Orleans. Sacrificar unas pocas personas para salvar muchas.

Un dilema que recorre la historia del Estado de Louisiana desde la misma fundación de Nueva Orleans hasta la actualidad, en que las Bestias del sur salvaje se aferran a una nimia esperanza de poder continuar viviendo como han hecho hasta entonces, de la misma manera que sus antepasados.



ARTICULOS RELACIONADOS
2012 ® Talkin’ ‘Bout New Orleans - talkinbout@talkinboutneworleans.com