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Una de Mardi Gras: Los desfiles
7 de marzo de 2011

Ya sólo queda un día para Mardi Gras (o sea, el Martes de Carnaval). Pero Mardi Gras no se refiere sólo al martes en sí, en el que además casi todos los eventos terminan hacia mediodía. Gracias a los desfiles de las Krewes, la gente consigue cargarse de kilos y kilos de collares de plástico. ¿Cómo vivir sin ellos?, más de uno se pregunta estos días.

Cuando se habla de Mardi Gras, más que a una sola jornada se refiere a un periodo de doce o quince días que termina precisamente el Martes, un día antes del Miércoles de Ceniza, a partir del cual los hábitos digamos desinhibidos de estos días son (o eran) más censurables. Antes era como una especie de hacerse el sueco de algunos pecadillos terrenales y debilidades carnales. De ahí los disfraces, los excesos y el desfogue generalizado. En este sentido, el mundo católico (mucho más condescendiente que otras religiones con las pequeñas debilidades - aunque no con la heterodoxia - de propios y extraños) se ha llevado la palma. Sin embargo, hoy día, cuando básicamente cada día del año es (o puede ser) Carnaval, lo que queda es una serie de rituales más o menos divertidos y comprensibles que hunden sus raíces en las tradiciones de cada ciudad o región.

El carnaval de Nueva Orleans une varios elementos distintos - desfiles, baile, música, disfraces - en muchos niveles distintos, que no están unidos ni tienen por qué entrar en contacto. No existe un espacio único para Mardi Gras, sino que cada cual festeja dónde quiere (al final suele ser el barrio de cada uno y, en el caso de los forasteros, el centro). Durante los últimos cuatro días el carnaval se apodera completamente de la ciudad y gira sobre todo en torno a cuatro aspectos: los desfiles, la música (y la vida nocturna) y las tradiciones relacionadas con la comunidad afroamericana.

Por la avenida más ancha de Nueva Orleans, St. Charles, que conecta la zona americana (uptown) con la francesa (downtown), discurren cada día varios desfiles, organizados por las llamadas Krewes, que serían el equivalente de las hermandades de Semana Santa o de las escuelas de Samba de Río. Se componen de varias carrozas intercaladas por bandas de música de institutos o colegios, que interpretan tanto clásicos de estas fiestas como composiciones pop.

Las carrozas están hechas de cartón piedra, de una factura desigual aunque diría (no soy ningún experto en la materia) que nada del otro mundo. Lo más destacado es que desde ellas un grupo de tipos encapuchados se dedica a lanzar objetos a la gente, que se desgañita pidiendo que les tiren cosas (“Throw me somethin', mistah!”). El 90% de las cosas que lanzan son los típicos collares de carnaval (beads), de colores y formas distintas. El 90% de ese 90% son unos collares de una forma y tamaño estándar, aunque de distintos colores. Su valor es el más bajo de todos. Es un poco como las canicas esas transparentes con los colorines dentro, que no valían nada. Quien recibe algún tipo de variante se siente la persona más feliz de la calle, aunque el 100% son baratijas Made in China que terminan al cabo de como máximo un mes en la basura. Es impresionante la cantidad de basura que los habitantes de Nueva Orleans se tiran los unos a los otros estos días.

La ciudad se vuelca con estos desfiles y el recorrido, que es bastante largo (así a ojo diría unos 10 kilómetros) está abarrotado de gente, que llega armados de comida, bebidas, mesas y sillas. Los hay más preparados que se llevan también la barbacoa e incluso el baño químico a cuestas (hay quien se lleva sólo el baño y hace el agosto cobrando uno o dos dólares por echar un pis, y desde luego no le faltan las personas).

Será porque nunca me han gustado las aglomeraciones, pero la verdad es que no le veo mucha gracia a estos desfiles. A no ser que vengas muy, muy temprano, lo único que ves son las espaldas de la gente que ve los desfiles, lo cual al cabo de un rato cansa. Además, aunque estés atrás, tienes que tener cuidado porque los collares estos pueden hacer mucho daño. Además, hay que hacer cola para cualquier cosa y las carrozas me parecen un poco cutres. En fin, not my cup of tea.



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