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Down in the Tremé
26 de febrero de 2011

En 1793, Claude Tremé, un diseñador de sombreros llegado a Nueva Orleans diez años antes desde la ciudad francesa de Sauvigny, dio lo que se llama un señor braguetazo. Ese año se casó con Julie Moreau, nieta del Paul Moreau (conocido en aquellos años – era la época en que Louisiana pertenecía a la corona española – como Pablo Moro), que tan sólo un año después se convirtió en la heredera de todos los terrenos de su familia. Entre ellos se encontraba una enorme plantación situada al norte del French Quarter. Pero la idea de Claude no era precisamente retirarse a vivir el resto de sus días en una lujosa plantación sureña.

Enseguida, dividió la plantación, que ocupaba gran parte del barrio que hoy día se conoce como Tremé, en calles (entre ellas una dedicada a sí mismo, St. Claude, y otra a su señora esposa, St. Julie – lo que se dice una pareja modestita) y en 1798 comenzó a vender parcelas. En aquellos años, muchos negros o mulatos habían adquirido recientemente la libertad y se convirtieron en sus principales clientes. A principios del siglo XIX, el 80% de sus parcelas pertenecían a familias de color. Sin embargo, no parece que Tremé les tuviese un especial cariño (en 1787 fue condenado a cinco años de cárcel por el asesinato de un esclavo, imaginamos que negro), sino que, como dicen por aquí, “el dinero de un negro se gasta igual de bien que el de un blanco” (“black money is spent as good as white”).

Esos fueron los orígenes. Desde entonces, Fauburg Tremé ha sido el barrio negro de Nueva Orleans por excelencia. En su entramado de callejuelas se han desarrollado (más que nacido, estas cosas se moldean poco a poco) expresiones culturales como la música jazz o los indios de Mardi Gras, pero sobre todo ha sido el corazón y el alma de la comunidad de color (en este caso el término “de color”, que normalmente puede parecer una forma de corrección política, viene al pelo, ya que esta comunidad estaba compuesta tanto por criollos como por esclavos liberados, procedentes de culturas tan distintas como África, Haiti, Francia o la misma Louisiana) de Nueva Orleans, a lo largo de las muchas etapas por la que ha pasado, desde las administraciones francesas y españolas, más o menos benevolentes hacia ellos, hasta los efectos del huracán Katrina en 2005 (aunque quizás habría que decir, y ya lo diremos más adelante, los efectos de la rotura de los diques que protegían la ciudad), pasando por la incorporación a los EE.UU., la Guerra de Secesión, la liberación de los esclavos, el segregacionismo, la lucha por los derechos civiles y la integración de servicios públicos, el declive económico de la ciudad y la epidemia del crack de los años 80 y 90.

Tremé ha tenido muchas cosas que ya no están. En el extremo oriental, poco antes de llegar al French Quarter, surgía Storyville, la célebre zona de prostitución tolerada donde se forjaron muchos músicos de jazz. Fue cerrada en 1917 por el gobierno federal porque EE.UU. acababa de entrar en la 1ª Guerra Mundial y, siendo Nueva Orleans uno de los principales puertos de salida de las embarcaciones destinadas al frente europeo, no era plan que los soldados llegasen ya enfermos de sífilis.

Un poco más hacia el norte estaba Congo Square (cuyo nombre oficial, algo más insulso, si bien seguramente más explícito, era Place des negres). Posiblemente, se trataba del único lugar en todo el país en el cual los esclavos podían reunirse y cantar y bailar sus músicas tradicionales. No es necesario subrayar la importancia que esto ha tenido en la preservación de ciertos ritmos africanos que forman parte del ADN del jazz y toda la música afroamericana que viene después. Hoy día forma parte de una manera un poco vaga del parque dedicado a Louis Armstrong (cuya realización implicó lógicamente la demolición de un buen número de viviendas).

No termina aquí. Claiborne Avenue divide horizontalmente en dos Tremé. Hasta finales de los años 60, era una enorme zona cubierta de robles donde tenía lugar el mercado (que a partir de entonces dejó de existir) y donde los habitantes del barrio se reunían. Todo ello fue sustituido por grandes pilares de cemento y cantidades industriales de gases contaminantes cuando se decidió que la autopista elevada I-10 debía pasar precisamente por Claiborne. Esta decisión fue tomada durante una época muy movidita, marcada por la lucha por los derechos civiles y la integración racial. Y suena a ajuste de cuentas.

Hemos dicho antes que Tremé ha tenido muchas cosas que ya no están, aunque quizás sería más exacto decir que a Tremé le han quitado muchas cosas. Sin embargo, con ello no se ha conseguido eliminar su esencia, gracias a una cosa que precisamente no falta en Nueva Orleans: la resistencia (como traducción un poco libre de resilience). Tremé no se fía de los cantos de sirena de las instituciones que prometen sacarla del agujero de pobreza, drogas y crimen. Les han quitado demasiadas cosas. Tremé es a Nueva Orleans lo que Nueva Orleans es a los Estados Unidos. Es su alma y, mientras sus calles sigan siendo el escenario de improvisados desfiles de jazz, ahí seguirá.



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